EL CAMBIO DE AÑO

¿A veces te ha dado un poco de pena la partida del Año Viejo? Te tenemos una sorpresa: ¡El no muere! Sólo ocurre un cambio. ¿Quieres enterarte mejor? Averígualo leyendo.

EL CAMBIO DE AÑO
A veces crees que Dios no existe, porque no te escucha. O por lo menos crees que no te escucha. Mi prima Carmen también cree que Dios no la escucha, porque le pide a veces cosas y no se las concede.
Yo creo que hay mucha gente pidiendo cosas, y hay una larga lista de espera. ¿Cómo puede uno exigir que lo atiendan primero si hay una cola de gente esperando?
Carmen se rió de mí cuando se lo dije. Ella cree que eso lo pienso porque sólo estoy en segundo grado, que cuando llegue a tercero, como ella, veré que no es así.
-¿Acaso te crees que el cielo es un supermercado?- me dijo. Y se echó a reír como se ríe ella a veces, con todos sus dientotes grandototes.
Pero yo le he ido pidiendo cosas a Dios y me las ha ido dando poco a poco. Cuando estaba en Preparatorio le pedí que mi mamá aceptara un perro en el apartamento. Y lo conseguí, aunque fue después de un año, cuando ya estaba en primero. Sobre todo me encanta que Dios me haya escuchado en eso, porque mi perro es un amigo de verdad. Es casi como si tuviera un hermano.
A veces creo que Dios prefiere conceder peticiones que se refieran al alma. El alma, según dice la maestra, es eso que llevamos por dentro, entre el cerebro y el corazón, una chispita que Dios nos da cuando nacemos.
Si en vez de pedirle un perro, yo le hubiese pedido ser más feliz, o algo así, tal vez no habría tenido que esperar tanto.
Así me pasó con lo del Año Viejo. No tuve que esperar mucho para que se me espantara la tristeza del alma.
Carmen se burlaba de mi porque me daba lástima el Año Viejo. Es que cuando llega diciembre, casi todas las canciones hablan de que si muere un año, un año se nos va, qué te pasa viejo año. Me imaginaba al Año Viejo como un viejecito mendigo, encorvado, pesaroso, que se encaminaba arrastrando los pies hacia su propia destrucción, cada 31 de diciembre. Hasta me daba rabia con el año joven y feliz que viene después.
En eso también me ayudó Dios. Toda mi pena desapareciò cuando supe lo del cambio de año. ¿Quieres saber de qué se trata?
¡Espera! Antes déjame contarte cómo fue que me enteré de eso.
Resulta que mi amigo Carlos cumple años precisamente el 31 de diciembre, y en la tarde le hicieron una fiesta grande con piñata y todo. Ya sé, parece que no tuviera mucho que ver, pero es que todo ocurrió justamente por eso, por un globo de cumpleaños. Al final de la fiesta rifaron los globos, que eran enormes y estaban pegados cada uno a una varillita de plástico. Yo me gané el más grande de todos.
Era rojo y brillante. Pero cuando me lo dieron, como soy pequeño y flaquito, el globo se elevó conmigo….
Y así me fui elevando con él… y seguí subiendo y subiendo.
Claro, la gente abajo gritaba, todos estaban asustados, hasta mi prima Carmen. Yo también estaba asustado, pero a la vez me sentía feliz. Nunca había imaginado lo agradable que era volar. El globo seguía elevándose por el cielo y yo subiendo con él, eso sí, bien agarrado de la varillita.
Vi dos colibríes que peleaban en vuelo, sólo por una flor, y sus picos chocaban como dos espadas. Me entretuve observando el brillo metálico de sus plumas y de pronto, cuando pasé junto a ellos, temí que fueran a pinchar el globo. Pero nada pasó. Menos mal. Sin embargo sentía frío, cada vez más frío y un vacío en el estómago, a medida que el globo subía más y más, hasta llegar a las nubes lejanas, indiferentes.
De pronto, entramos en una nube distinta, más cómoda, tibiaun grato calor me llenó de una felicidad inesperada. Todo estaba cálido, todo era bueno y suave.
El calor venía de un halo de luz, que parecía como un chorro de fuegos artificiales. Pensé que sería un cohete de los que encienden los muchachos en diciembre. Pero no. Aquella luz era más brillante aún, y sin embargo no quemaba. Al rato me di cuenta que la luz venía de una persona que subía también hacia las nubes, como yo.
Era un hombre de pelo gris, sonriente, que me saludó con alegría. Vestía un hermoso traje: ¡un traje maravilloso! Estaba hecho de rostros, ríos, palabras, montañas, aromas, playas, recuerdos, risas, canciones, historias. Su traje estaba hecho con todas esas cosas lindas y tenía todos los colores y brillos del mundo.
Aquel hombre de pelo gris subía como un cohete hacia las nubes, dejando a su alrededor un brillo resplandeciente, multicolor, como su traje.
En aquel momento mi globo se detuvo, quizás porque chocó con una nube más pesada, no sé. Y el hombre del traje hermoso se detuvo también. Se mantuvo derechito, en el aire.
En eso se oyó un rumor extraño, como un tropel de alas. Allí fue cuando vimos venir desde el interior de las nubes a un niño como de mi edad. Vestía también un traje hermoso y brillante, pero blanco, completamente en blanco, como la primera página de un cuaderno sin empezar.
-¿Quién eres tú, y por que estás aquí tan alto?- me preguntó el niño. 7c5323a7f2cffdbe8d881b46516b7985 EL CAMBIO DE AÑO para niños de infantil
-Me trajo un globo de cumpleaños.-contesté.
El hombre alegre del traje multicolor y el niño preguntón del traje blanco se miraron sorprendidos, me miraron a mí… y después se encogieron de hombros.
Entonces se dieron la mano, muy solemnes y corteses. Después se hicieron una reverencia. Luego el hombre del traje colorido subiò aún más y desapareció entre las nubes, no sin saludarnos con la mano, mientras gritaba alegre:
-¡Feliz Año Nueevoooo!
-¡Feliz Año Vieeejoooo!- le respondió el niño, con igual entusiasmo.
Como vio que yo estaba tan asombrado, me dijo:
-Acabas de presenciar la ceremonia del cambio de año. Ya el Año Viejo cumplió su misión, ahora vengo yo. Ahora vamos a bajar. ¡Ven conmigo!
Solté el globo y me agarré de la mano que me tendía el Año Nuevo, que aunque preguntón y todo, parecía incapaz de dejarme caer. Sobre todo porque tenía unas enormes alas de oro, y volaba con ellas sobre los campos, las casas y los ríos.
Mientras bajábamos, yo recordaba la expresión alegre del Año Viejo. ¡Qué tontas me parecieron aquellas canciones tristes del año que muere y todas esas cosas! ¡Sólo hay un cambio de año!
El año Viejo no muere, sólo sube más allá de las nubes, hacia lo más alto del cielo. Me imagino cómo se pondrá Dios de contento cuando le vea ese traje de todos colores, hecho de lágrimas, lluvias, besos, sorpresas, carcajadas, cuentos, cascadas, alegrías, versos, olores y sabores de la Tierra. ¡Todo lo que pudo ver en el mundo, durante su paso por él!
El Año Viejo sube a llevarle a Dios ese retrato del mundo estampado en su traje. Y sólo entonces, el Año Nuevo baja a la Tierra. 1cde2ebfa4cc48949eea264e571df8ad EL CAMBIO DE AÑO para niños de infantil
Así bajé yo, con él… y llegué a tiempo de ver las luces de los cohetes y fuegos artificiales que saludan la llegada de un Año Nuevo, ¡nuevecito! con su traje blanco…. Listo para que escribamos en él sonrisas, frases, ladridos, colores, paisajes, juegos, abrazos, trinos, risas…. Todas esas cosas que él le llevará después a Dios, cuando venga …. ¡otro cambio de año!

Encontrado en : La Piedra del Duende

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