Aprender con ¿DUENDES EN LOS TALLERES? de infantil para niños.
¿DUENDES EN LOS TALLERES?


Se dice que el misterio vive en la noche. Se cuenta que los fantasmas y los duendes nos visitan sólo cuando el cielo se cubre de estrellas y se llena de luna. Pero los duendes también salen de día, a pleno sol. Quizás para broncearse. Tal vez para admirar las tonalidades del cielo y las figuras que tejen las nubes. A lo mejor, ¿por qué no?, para enamorarse.
Esta es la historia de Albino, el duende enamorado. No sé qué edad tiene, cómo es su cara, dónde nació ni cuáles son sus pasatiempos. Pero sé que es transparente y delicado. ¿Que cómo lo sé? Por la manera como se comporta conmigo desde que me vio por primera vez.
Albino y yo nos conocimos un 10 de junio, cuando yo regresaba del colegio. Bajo el sol furioso del mediodía, mi cuerpo ardía por el calor. Mi cara estaba encendida como una vela de cumpleaños y mi frente se parecía a las rosas del jardín recién regadas. De pronto sentí una deliciosa sensación de frescura, como cuando nos asomamos a la ventana, tempranito en la mañana. Fue Albino, quien sopló su aliento en mi cara y despeinó mis cabellos.
A partir de ese día, Albino hacía de todo por llamar mi atención. Tanto, que a cada rato sentía su presencia. El día que tenía cita con el odontólogo, se sentó conmigo en la silla del terror. Escuché que me dijo:
-No hay nada que temer, todo va a salir muy bien.
Lo dijo con una voz tan dulce, tan convincente, que confié de inmediato. Albino tenía razón. La vez que se enfermó mi perra Dalila yo estaba muy triste. Ella no quería comer ni jugar, pero el duende se llevó mi tristeza con suaves palmadas en la espalda. Me sentí mejor y Dalila se recuperó pronto.
Albino es muy generoso y atento. Comenzó a hacerme muchos regalos y así comprendí que estaba enamorado de mí. (Lo digo porque mi hermano actuaba de una manera similar con su novia). De pronto aparecía un puñado de estrellas sobre mi mesa de noche. Algunas veces escribía mi nombre en el espejo con un pedazo de cielo negro. Otras veces traía trozos de luna blanca para decorar mi peinadora.
Él también es travieso y juguetón. Qué digo: muy travieso y muy juguetón. Una vez estaba trotando en el parque con mis primos y el duende desamarró las trenzas de mis zapatos y me hizo caer. Todos se rieron de mí, principalmente el causante de mi caída. Supe que se había recostado de una cayena de flores rojas para reírse, porque ésta se movía como si hubiera soplado un ciclón. Aunque parezca mentira fue una caída agradable. Sentí como que me elevaba del suelo a más de un metro de altura y luego caí suave y lentamente, como caen las flores del apamate sembrado a la puerta de mi casa. Me reí muchísimo, con una dicha que subía por mis pequeños pies y llegaba hasta mi cabeza color chocolate.
Más tarde comenzó a hacerme bromas en mi casa. Un día estaba haciendo las tareas y el lápiz comenzó a volar como una mariposa alocada por todo mi cuarto. En otra oportunidad investigaba sobre historia nacional: el libro se cerró de repente con un ruido seco, corrió por toda la mesa, y cuando estuve a punto de atraparlo se lanzó al suelo.
Las travesuras se hicieron tan frecuentes que toda mi familia se dio cuenta de que me estaba ocurriendo algo inusual. Yo reía y reía en voz alta y hablaba sola. La dulce Emilia, la tía cariñosa que hace el quesillo más rico del mundo y me consiente como nadie, dijo:
-Esta casa está embrujada. Debemos llamar al Padre Andrés.
El Padre Andrés nos fue a visitar, rezó mucho y regó agua bendita por todos los rincones, sobre todo en mi cuarto. Yo le aconsejé a mi amigo, para protegerlo:
-Pórtate bien, quédate quieto un rato. Mira que todos están preocupados porque dicen que me he vuelto muy extraña.
Él se calmó por un tiempo. Pero sólo por un tiempo, porque después regresó con más fuerza. Tanto que mis padres decidieron que era mejor mudarnos para deshacernos de esa presencia que nos inquietaba. Será a ellos, pensaba yo.
Tardaron varias semanas en vender la casa y comprar otra. Envolvimos cuidadosamente cada objeto delicado. Embalamos cada libro. Recogimos aquí y allá. Se botaron unas cosas, se vendieron otras. En todo ese tiempo no volví a sentir a Albino. Quién sabe qué estaba tramando.
Un domingo todo estaba listo para que partiéramos. Ya había salido el camión de la mudanza con las pertenencias de la familia. Mis padres, mi hermano mayor, la tía Emilia, Dalila y yo, nos quedamos un rato en el jardín despidiéndonos de la casa. Mirábamos la fachada con nostalgia. Aspirábamos el fragante olor del pino que solíamos decorar en Navidad. Contemplábamos admirados las rosas de todos colores que cultivaba mi mamá. Mis padres estaban tristes y no era para menos. Después de todo, vivieron allí por casi 20 años. Yo también estaba triste. No iba a volver a ver a mi amigo. Salimos, cerramos la reja y subimos a la camioneta. Habíamos andado unos treinta minutos cuando grité, llorando:
-¡Devuélvete, devuélvete, papá Se me quedó sobre la cama Mi muñeca, mi muñeca… La que me regalaron ustedes cuando cumplí nueve años!
Por un rato todos permanecieron callados, refugiados en sus pensamientos. Mi papá, siempre tan impaciente, quizás pensaba: qué fastidio, ahora me tengo que devolver. Chasqueando la lengua, mi hermano parecía decirse: esta muchacha, siempre tan distraída. Mi mamá, muy práctica, a lo mejor razonaba: es preferible continuar viajando y luego comprarle otra muñeca a Sara. La tía Emilia, comprensiva, seguro estaba de mi lado: mi pobre niñita, qué triste está. Tenemos que devolvernos, no hay dudas.
Luego de un silencio que se me hizo tan largo como el tiempo que sentimos que falta para irnos de vacaciones, escuché estas palabras, susurradas a mi oído:
-No yo te la traje. Aquí está mírala.
En el piso, con un ceñido vestido rojo de lunares negros, botines de altos tacones, cabello castaño peinado a la moda y ojos de almendra, mi muñeca favorita me miró y me sonrió con complicidad. Sentado a mi lado, secando de mis mejillas todo resto de lágrimas, iba Albino, el duende enamorado.

¿QUIERES SABER MÁS DE OLIVIA?
Ella es una psicóloga caraqueña, graduada en la Universidad Central de Venezuela. Magister Scientiarum en Psicología, por la UCV. Profesora Asociada de la Escuela de Psicología de la UCV. Egresada del Programa Superior en Escritura Creativa, del Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Cursó el Taller de Narrativa dictado por Antonio López Ortega, en ICREA. Cursó el taller de Ensayo Literario dictado por Catalina Gaspar en Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Tesista de la Maestría en Literatura Venezolana, UCV. Cursando el Taller de Literatura Infantil dictado por Mercedes Franco en Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Publicación de artículos científicos en revistas arbitradas de Venezuela. Publicación de artículos en revistas impresas de Caracas y del Estado Nueva Esparta. Articulista de revistas digitales de Venezuela y España. Finalista del VII Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 2005, Argentina; los cuentos concursantes aparecen en la Antología de ese año. Es autora de muchos cuentos y ensayos inéditos.
Encontrado en : La Piedra del Duende
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